Por más que miro el enorme ovillo, soy incapaz de comprenderlo. Lo cojo entre mis curiosas manos, como un gato juguetón y lo observo desde todos los ángulos posibles, pero sigo sin entenderlo. Sé que ni ahora ni nunca entenderé el ovillo, así que recogeré esos hilitos desmadejados que asoman aleatoriamente hasta que no quede ovillo que entender.