Amor, te escribo una carta. No te molestes en responder, pues tus respuestas son ambiguas y llegan siempre cuando tú deseas. Ni siquiera sé si el cartero sabrá encontrar el corazón en el que te alojas hoy.

Amor, te escribo una carta con tinta especial para que no la borre el tiempo, así cuando haya aprendido mi lección podrás usarla para golpearme con ella en las narices mientras te ríes de mí, ya otras veces lo has hecho. Recuerdo los días en que tú y yo nos sentábamos a reflexionar sobre lo sucedido, Amor, y yo te decía: “Menudo par de tontos.” Cuando tengamos que reírnos de nuestras andanzas, ya no me volverás a oír llamarme tonto. No soy tonto, Amor, no, sólo estoy aprendiendo, y la única diferencia entre las dos es creerse tonto o no.

Amor, no entiendo tu nombre. La gente habla de ti como si fueses un hermano, un padre, un amigo de la infancia. La gente habla como si supiese todo sobre ti. Yo no lo sé todo y por eso, Amor, te escribo una carta. Dicen que eres anestesia del dolor que dejas cuando te vas, pero yo no entiendo dónde vas. ¿Cómo puedes dejar dolor cuando te vas? No, nunca te vas, siempre te quedas en la sombra acechando con tus infinitas formas mientras dejas que la gente piense que te has ido.

La gente piensa en amor y ve a una pareja feliz. Amor, te escribo que pienso que, al igual que con la libertad y el libertinaje, la gente confunde amor con amorinaje. Claro que, como nadie habla de amorinaje, no existe la noción de confusión, quedándose felizmente con el limitado concepto de amor. No quiero quedarme con una idea tan simple de ti. No creas, Amor, que pretendo despertar tu atención mostrándome como un iluminado, soy bien consciente de que formo parte tanto como tú de aquellos a los que llamo gente.

Amor, te escribo una carta y no sé en qué sobre guardarla. Tu buzón debe estar tan lleno que es posible que en ocasiones lo ignores. No quiero un sobre grande, tampoco lustroso, ni pretendo disfrazar mis letras de falsa humildad. Su importancia es la que tiene para mí, algo que no tiene cabida en el mundo de lo objetivo. Pero me gustaría que lo leyeras, para que pienses en mí igual que yo pienso en ti.

Amor, te escribo una carta porque no te entiendo. Cuando sé que mueres, me reprochas que te lo oculte, negándote la oportunidad de revivir. Cuando te alerto, no haces nada por sobrevivir. Supongo que no te importa renacer en tu próxima vida. Vienes sin avisar y de pronto me dejas vacío, y no hay nada de lo que necesito. Cuando te vas, lo haces diciéndome que no te doy lo que mereces. Amor, bien es cierto que no te entiendo.

Amor, te escribo una carta para decirte que, después de tanto tiempo, ya no te tengo miedo. No he sido capaz de reconocer el miedo que te tenía hasta ahora que no lo tengo. Me asustaba lo grande que podías llegas a ser, completamente inabarcable, infinito, siempre un paso más allá de lo que pudiese imaginar. Pero ahora sé que cuando más vales es cuando más pequeño eres. No hay amor más grande que el amor a la vida y al mundo, todo lo demás son amores que significan más cuanto más pequeños son. Ya no me asusta lo grande que puedas llegar a ser, Amor, ahora me intriga tu pequeñez y quiero ir detrás de ella en vez de correr por delante. Te escribo una carta, Amor, para que me recuerdes estas palabras cuando me olvide, para que me muestres tu pequeñez cuando me intimide tu grandeza.

Amor, te escribo una carta porque quiero conocerte más, porque cuando pienso en ti me siento incomprendido e imagino cómo debes sentirte tú. Quiero conocerte, Amor, y ver tus pequeños dedos uniéndolo todo. Quiero ver todas tus caras y aprender de las pequeñas, del amor de un beso, del amor de una mirada, del amor de un pensamiento. Quiero aprender del amor de los detalles que crean vínculos tan especiales, no tanto de la parte romántica y de tu cara grande, la que se ve de lejos, la que todos conocen. Con tu cara grande ya me he cruzado un par de veces: la primera simplemente se fue, la  segunda dejó atrás reproches.

Amor, te escribo una carta con tinta especial para que no la borre el tiempo, el sobre posiblemente sea mi corazón y el contenido, una cita: Bien sabes que quiero conocerte más, si quieres que nos veamos, podrás encontrarme todos los días mirando tus cabellos flotar en el aire.

Y tus cabellos aparecieron de nuevo, trayendo una sonrisa arrebatadora, una inteligencia práctica, el valor de luchar por lo que es justo, la complicidad de encajar, la lucha por salir adelante y la oportunidad de construir una vida. De nuevo tu cara grande, pero pude ver muchas de las pequeñas. Gracias a ti soy más feliz y más completo y espero haber ayudado un mínimo a quien has traído a mi camino. Ahora te alejas de nuevo, pero sé que cuando te vas, no me dejas vacío por más que me sienta así. Ha quedado algo de ti en mí. Ahora soy más grande, porque soy una parte de ti, porque gran parte de lo que soy es amor.

Hasta que vuelva de nuevo tu cara grande, espero seguir viéndote sonreír en otra forma de amor, que pueda ser igual de intensa y gratificante. Gracias por venir, amor. Perdona por no haberte tratado siempre como hubieras merecido. Gracias por darme algo tan bonito.

Porque al final resulta que tus secretos se ocultan en un cuento infantil que ni es tan infantil ni es tan cuento, y es que ciertamente, lo esencial es invisible a los ojos. Gracias por caminar a mi lado aun cuando no era capaz de verte. Sigue enseñándome, por favor.