51 hilos: Siente con intensidad

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Sí hay algo que me fascina sobremanera, es la capacidad de sentir, de tener una percepción de una realidad (cierta o no, presente o no) que nos hace vivirla de una manera determinada y única en tiempo y persona.

Es algo precioso. Muchos estarán de acuerdo cuando piensan en la felicidad, en la diversión, la alegría… ¿Y qué pasa con los «malos» sentimientos? Es más, ¿por qué son «malos»?

Cuando la tristeza, la desesperación, la soledad, la añoranza, el miedo, el asco, etc. aparecen en nuestra vida, acostumbramos a recibirlos con una actitud de rechazo. Queremos que se vayan pero no sabemos cómo espantarlos. Y se quedan con nosotros en contra de nuestra voluntad, haciendo que nos sintamos aún peor.

Hemos crecido con la enseñanza de que debemos ser felices, porque es bueno, y es fácil adaptarse a un mundo en el que satisfacer los deseos personales de manera relativamente inmediata se confunde con felicidad (y lo digo sin tener ni idea de lo que es la felicidad, pero mientras la busco, soy feliz). Cualquier cosa que no sea lo que en nuestros valores «está bien», no nos sirve. Si además es contraria a lo que buscamos en la vida, entonces nos sobra.

Desde luego que son sentimientos desagradables, pero no por ello deberíamos considerarlos como «malos». Ponerles ese adjetivo nos insta a huir de ellos y esconderlos o taparlos lo más rápidamente posible. Pero basta pararse a pensar unos segundos para darse cuenta de que si están ahí es por algo. Los sentimientos nacen en nosotros por una influencia (lo que vivimos, o lo que hacemos, o lo que pensamos) y con una interpretación de esa influencia (cómo vemos lo que sucede). Un sentimiento desagradable suele ser fruto de una experiencia desagradable o de una interpretación desagradable de una experiencia que no tiene por qué serlo. Y ahí está la clave: Un sentimiento desagradable puede ser una alerta para hacernos ver que nuestra perspectiva de las cosas podría ser diferente (que no mejor, no hay mejor en cuestión de perspectivas).

¿Y si la experiencia es desagradable se mire desde el punto de vista que se mire? Entonces mi consejo es que sientas con intensidad. Igual que te gusta sentir con intensidad el amor, la fascinación o el placer. Es parte del aprendizaje y a la hora de decidir con qué intensidad vivimos la vida (sin citar referentes científicos basados en la evidencia), lo que he descubierto es que no sabemos diferenciar entre sentimientos «buenos» y sentimientos «malos». Si de alguna manera conseguimos bloquear los sentimientos, lo hacemos con todos por igual, si nos ponemos poco tristes, nos pondremos poco alegres.

«Bueno, puedo vivir sin un exceso de alegría si eso supone que no estaré tan triste». Error. Error grande. Por dos motivos: El primero es que no es tan fácil disminuir la intensidad de esos sentimientos, y suele depender de distractores más que disminuirla como tal; el segundo es que al perder la intensidad de los sentimientos también perdemos muchas veces el aprendizaje que traen consigo. Podemos aprender grandes cosas si vivimos con intensidad, así lo creo.

¿Y siempre hay algo que aprender? Sí, siempre hay algo que aprender, pero no todo lo que sucede conlleva un aprendizaje. Ni las cosas nos ocurren para que aprendamos.  No es infrecuente que ver un aprendizaje parta de un esfuerzo nuestro para sacar algo de provecho de una situación desagradable. Muchas cosas suceden porque sí, porque toca que sucedan, porque una serie de factores han confluido y ése es el resultado. No hay un motivo oculto del universo detrás. A veces la vida te da una patada en el culo y no pretende que aprendas nada. Pero ahí estás tú para ver un aprendizaje que nadie ha pretendido para ti, pero que no deja de ser una lección (y una elección).

Así que si la vida te da una patada en el culo puedes fingir que no te duele, intentar que no te duela, o adoptar la perspectiva de aprender cuánto duele una patada en el culo bien dada y cómo experimentas ese dolor. La parte de ti que vive los sentimientos negativos también eres tú. Conócela, vívela y si lo necesitas, empápate de tristeza. No tiene nada de «malo».