48 hilos: En el camino

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Hay una idea que se la oí hace tiempo a una buena amiga, Sére Skuld, que desconozco si acuñó ella o simplemente la aceptó como hago yo desde que lo escuché (o intento cada vez que la recuerdo, que reconozco no es a diario pero sí con bastante frecuencia) y que consiste básicamente en “Ser la mejor versión de uno mismo”.  Así es como lo veo yo

El hilito de esta semana va en esa línea, nuestra mejor versión: cúal es, cómo se plantea, cómo se pelea, cómo podemos perdernos en el camino, etc.

 


 

Primer paso: Aceptar la idea

Es quizá obvio, pero lo primero que hay que tener es voluntad de cambio. Un cambio que tiene muchas implicaciones. Aceptar esta idea, aunque parezca sencillo, sigifica que no estamos conformes con lo que somos o con cómo lo somos. No es fácil aceptar esta idea, pero tampoco es un pensamiento autodestructivo si sabemos manejarlo, algo que abordaré algún paso más adelante. Muchas veces, aun no aceptando la idea, puede uno acabar planteándose si es quien creía ser, si es quien quería ser y si se gusta como es ahora o si al menos se acepta. Aceptar la idea es conceptualmente responder NO a esas preguntas (quizá un sí a la primera, pero ya). Hay que tener valor, llamémoslo voluntad de cambio.


 

Segundo paso: El análisis.

Una vez aceptado que no somos AÚN la mejor versión de nosotros mismos, toca dibujar el mapa. El mapa no es el camino que vamos a recorrer, pero sí al que vamos a intentar aproximarnos. Es un análisis lo más profundo posible en qué cosas nos gustan de nosotros y queremos potenciar y qué cosas nos gustan menos y queremos mejorar. Hay que entender esos cambios como oportunidades de mejora, el objetivo no es atacarnos y hundirnos en la miseria. Es una labor de autoconocimiento que cuanto más trabajada esté, más fácil será mantenernos apegados al buen camino. Es por eso que alguien que se plantee que no es quien quiere ser o que sepa que no es quien era antes (y se alegra, o lo echa de menos, cualquiera de las opciones) tiene ya un trabajo adelantado, se conoce algo más que quien ni se lo ha planteado. Es, por tanto, una buena señal.


 

Tercer paso: El equilibrio.

Conviene ser equilibrado a la hora de mejorar día a día. No se puede cambiar todo a la vez, es un progreso del día a día. A veces ni siquiera se puede cambiar una cosa en un día. En función de lo que queramos, hay que construir hábitos (que lleva sus días), destruir hábitos nocivos (que lleva más días aún), reprogramarse. La prisa no es que no sea buena, es que NO es una opción. Es un objetivo a largo plazo (aunque también a muy corto plazo de nuevo, hablaré de esto un poco más adelante), y por tanto conviene ser realista con ello e incluir adecuadamente en el paso previo del análisis hasta cuánto podemos aportar o estamos dispuestos a hacerlo. Por otra parte, hay otra clase de equilibrios que hay que alcanzar, no solo el del tempo con el que trabajar, sino el de la perfección absoluta. No vamos a ser perfectos en todo y además la manera de entender la perfección de cada uno puede variar. Hay que equilibrar qué puntos nos interesa trabajar más y qué puntos no nos interesa tanto, porque habrá incluso puntos que compitan entre ellos, que mejorar uno a veces empeora otro, hay que elegir o dejar en el punto más adecuado a nuestro gusto.


 

Cuarto paso: El camino.

Este es el punto que entra a hablar de las cositas que he dejado para «después». Llega el momento de ponerse manos a la obra y afrontar el camino. En esta parte no puedo evitar hablar del poema de Constantin Kaváfis “Itaca“, uno de mis favoritos por la enseñanza que conlleva. Esta es la parte de saber manejar el concepto de «no ser aún» o «no ser suficiente». Aquí entran los objetivos a muy corto plazo. Lo más importante de todo esto (siempre según mi interpretación de la idea) es el camino que recorremos, es ver el cambio mirando hacia atrás, es ser la mejor versión de nosotros mismos en el día de hoy. Puede que estemos lejos del objetivo idílico del final del camino (al que puede que nunca alcancemos, todo sea dicho), pero lo importante es que hoy somos la mejor versión de nosotros mismos de hoy, es decir, dentro de nuestro proceso de mejora, estamos ofreciendo al mundo todo lo que podemos ofrecer en cada uno de los pasos en los que nos encontramos. Por tanto, los objetivos, también son a muy corto plazo, de descubrir día tras día que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Y, si nos damos cuenta de que no es así, sólo podríamos haberlo hecho mejor desde el momento en que nos dimos cuenta. Por tanto, es un viaje largo del que importa más el viaje que el destino.


 

Quinto paso: Reevaluación

Ya que analizamos en el segundo paso, todas las veces que analicemos nuestro progreso, tendremos una oportunidad de conocer donde estamos y redireccionar si nos hemos desviado del camino o  hemos descubierto que el camino que queremos es diferente al que hemos trazado inicialmente.


 

El mar de versiones

Pero, es que… ¡Hay infinitas versiones!¿Cómo sé cual es la mejor? Aquí no puedo decir mucho. Hasta que tengamos una mejor respuesta, tiene que ser la que tú quieras que sea la mejor. No tiene sentido luchar por ser la versión que no crees que es la mejor, por mucho que desde fuera te digan que si lo es, si tú no lo crees, nunca llegarás a luchar por ello realmente. Lucha por lo que creas, no por lo que te genere dudas. Si te genera dudas, date tiempo para analizarlas, porque las dudas pueden ser despejadas y porque el camino no es una carrera. Se puede tropezar tanto andando como corriendo, pero hay tropiezos que se tienen corriendo solo por el hecho de haber corrido.

 


 

Por todo esto os digo: El camino es lo que importa, no si ya estamos en el lugar de destino, sino si estamos en camino, si vemos en qué dirección vamos. Muchas veces plantearnos si estamos en camino y si es el camino adecuado es mejor señal que creer que ya estamos en el destino. Cuando lleguemos al destino no nos sentiremos orgullosos del lugar al que hemos llegado sino del camino que hemos recorrido.

Nos vemos en nuestras batallas personales.