53 hilos: Aprender a lidiar con sentimientos incómodos

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Reaparezco de nuevo en mitad del parón de Noviembre, secundario al NaNoWriMo, para aprovechar algo que ya escribí. Este hilo fue una cachorespuesta que di a una imagen en Facebook, pero creo que tiene entidad por si sola de ser todo un hilo en el blog. Habla sobre la incomodidad que nos despierta tener un amigo o familiar triste, porque no sabemos qué hacer y creemos que tenemos que convertir ese sentimiento en felicidad (porque somos así de guais y super poderosos y porque se nos olvida que, salvando lo patológico, esos sentimientos son constructivos y reactivos a un elemento sobre el que el familiar o amigo sentiente debe actuar).

Creo que somos extremadamente intolerantes (por mal que nos suene esa palabra) a la tristeza ajena. Parece que uno tenga que estar siempre en la cresta de la ola y somos incapaces de ver cómo alguien se cae de su tabla. ¡No puede ser! Tiene que estar subido a ella, siempre, todo el rato. Así, se nos ocurren ideas geniales como decir «no estés triste» al triste, «no estés nervioso» al que tiene un ataque de ansiedad, «duérmete» al que tiene insomnio, «no pienses en eso» al que está agobiado con infinidad de problemas… y es porque NO TENEMOS LA MENOR IDEA DE QUÉ HACER PARA QUE «MEJOREN», sin entender que ese proceso de «mejora» requiere su tiempo y que en general NO NOS COMPETE. Había un motivacional por ahí que decía «un amigo es el que cuando estás jodido escucha toda la mierda que le cuentas, te dice que lo que le estás contando es pura mierda y después sigue escuchando». Quizá es eso lo único que podemos (y quizá debamos) hacer, pero no somos capaces de aguantar al otro jodido (como si la otra persona estuviese gozando su triste situación de mierda) y además queremos que nuestra intervención sea milagrosa y que por magia potagia uno sea feliz, porque lo hemos dicho nosotros (¡FANTÁSTICA IDEA!), así nos sentimos un poco más responsables de la felicidad ajena (no es por ti, es por mí, que dice el ego) y desaparece esa situación incómoda de estar al lado de alguien con problemas y «no saber que hacer».
Quizá no esté de más tratar de aprender qué funciona y qué no en esas situaciones. En mi caso, por ejemplo, dejan de ser «incómodas» cuando entiendo:
A) Que es parte del crecimiento de toda persona, aunque sea una putada.
B) Que no soy milagroso, aunque debería.
C) Que si de verdad quiero apoyar, igual lo único que tengo que hacer es ESTAR AHÍ y, en el mejor de los casos, aportar la dosis de racionalidad que se pierde cuando uno está en la mierda (que viene a ser recordar que «la mitad de las cosas que piensas, que son mierda pura, son mentira, solo lo piensas porque estás en la mierda. La otra mitad son igual de mierda, pero son verdad, esas son las que hay que trabajar. Mira, colega, eres (como todos) como un escarabajo pelotero, la vida te da una mierda (a veces) y la empiezas a pasear, haciendo de ella una bola de mierda más grande. La mitad de esa mierda no es tuya, viene de fuera, te sobra, pero en el centro, hay un pedacito de mierda que es para ti, y es con el que hay que trabajar.»).
D) Que mientras alguien se imagina así mismo empujando una bola de mierda, por norma general suele darle cierta risa, se divierte por unos segundos y, si bien eso NO le hace feliz, le recuerda que la metáfora de la cresta de la ola es otra patraña más, porque se puede estar a la vez abajo y arriba. Se puede estar jodido y aún así reírse uno de tener un amigo gilipollas.