22 Hilos: Sobre la muerte (parte 1)

Éste es otro de esos temas que dan para largo, para muy largo. Es un tema tan cargado de emociones, de filosofía, de sociología, de religión, de perspectiva, de autocomprensión, de heterocomprensión… que cualquier comentario sobre el mismo apenas arojará luz en casi ninguna de sus facetas. No obstante, teniendo que lidiar con ella a menudo, hay muchas cosas que me llaman la atención.

El hilo de hoy surge a raíz de muchos pensamientos, muchas lecturas y muchos pacientes, pero voy a desarrollarlo en base a uno de ellos…

¿Morimos donde queremos?

F tiene una enfermedad pulmonar en estadío terminal, y ya no responde a todo el tratamiento que se le puede dar… es tal la situación que se le han realizado pruebas de imagen que estrictamente no estarían indicadas buscando otras enfermedades tratables que tuviese… aunque no había ningún criterio para sospecharlas (Es bastante difícil decirle a la familia que la prueba que se ha hecho F es “normal dentro de su enfermedad” y ver cómo se alegran sin entender que precisamente ese resultado es el peor que podría darse).

F lleva días ingresado, empeorando día a día, sin queja ni reproches, bromea conmigo en alguna guardia. Pero hoy ya no, hoy está agotado, hoy no puede más.

Cuanto más progresa su enfermedad, más afecta el CO2 a su estado, se encuentra más somnoliento, más irritable cuando está despierto. Hoy dice que quiere irse a casa, que si se encuentra tan mal, tanto le da estar así aquí que estar así en casa. Su familia dice que no le haga caso, que delira.

Para mí, F tiene razón, y en su lugar yo pediría lo mismo. Yo no acusaría a su enfermedad el que diga eso, me pide algo razonable. En el hospital, cuando no corremos por la vía del “hagamos todo lo posible (aunque no sea razonable)” hablamos (y me incluyo) de la muerte con dignidad, la muerte sin sufrimiento. A veces me paro a pensar si morir en un lugar extraño, lejos de lo que conozco, con un compañero de habitación enfermo, con idas  venidas de familiares propios y ajenos, de personal, de pruebas… ¿es eso digno?¿No es acaso sufrimiento el estar “encerrado” en un hospital?

Esto nos lleva a otra parte: lo que supone morir en casa, la carga familiar, la falta de atención médica (que muchas veces no es tan necesaria y otro gran número de veces podría dispensarse a domicilio), la angustia de la gente que no está acostumbrada al proceso y no sabe qué es lo normal y qué no.

Es una cuestión de afrontar lo que viene. Y tengo bien claro que afrontar la muerte requiere valor, mucho valor. Y que la afronten los seres allegados requiere mucho más valor aún.

Más de una vez he oído decir a mi padre que lo malo de la muerte es para el que se queda, el que se va se ha ido, pero el que se queda sigue aquí, pero con un ser querido menos. ¿Cómo, entonces, va a ser fácil afrontar la muerte? No, no lo es, nunca lo ha sido y, probablemente, nunca lo será. Pero existe lo que podríamos llamar “la buena muerte” o “la muerte adecuada.”

No han sido pocas las ocasiones en las que he intentado buscar puntos de consuelo para familias destrozadas: “Se fue sin dolor,” “fue rápido,” “pudo despedirse…” Todas estas cosas que he dicho, o que se han dicho ellos, no suenan más que a excusas para intentar nuestro peor o mejor manejo del proceso (como médicos o como familiares) mientras que en otras ocasiones, aún cuando todas estas frases de pseudoconsuelo eran ciertas, no era necesario decirlas para uno saber que había sucedido lo que tenía que suceder, como tenía que suceder y estar en paz con la situación.

Hay dos artículos apasionantes sobre este tema (http://equipocesca.org/wp-content/uploads/2013/02/morir-entrevista-feb2013.pdf), sobre cómo se afronta la muerte, en especial quien la vive a menudo, y sobre la dignidad de morir en el domicilio.

Yo aún no sé dónde es más digno morir. Pero creo que la dignidad es más sencilla, basta con preguntar a la persona que le toca morir (tema tabú, aún…) y si no puede comunicarse, pensar siempre que la vida, la de verdad, es una cuestión de calidad y no de cantidad (como se dice en aquel artículo: http://thehealthcareblog.com/blog/2012/08/06/how-doctors-die/ )

4 comentarios en “22 Hilos: Sobre la muerte (parte 1)

  1. Me extraña no haber leído antes este post con lo interesante que me ha parecido.
    Conoces mi historia, pero me gustaría volver a hablar de ella. Mi padre siempre tuvo claro que lo peor que podría pasarle es morir en u hospital. Tanto le horrorizaba la idea que nos pidió repetidas veces que llegado el momento le pillase en su casa. Y así fue, gracias a Dios. De hecho no sabía lo que estaba por llegar y por eso llamé a ambulancias y médicos de guardia. De haber sabido eso, lo que era inevitable, no le hubiera hecho gastar las pocas energías que le quedaban en decirme por señas preocupado y con miedo que no se quería mover de casa. Que no vinieran a por él.

    Conozco el caso contrario. Dos de mis tíos… y la madre de una amiga mía. Este último caso es el que mejor conozco… no, no es ni digno ni recomendable morir en un hospital. Y no solo para los que se van, sobre todo para los que se quedan. Y por eso es tan importante que existan profesionales como tú, ante todo personas. Personas capaces de hacer llegar calor al corazón más congelado. Gracias.

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  2. Creo que dentro de lo difícil que es, puede llegar a ser digno morir en un hospital, si hacemos las cosas como se deben. Pero siempre será más digno morir en casa.

    Hay una creencia hoy en día de que “en el hospital mejor que en ningún sitio.” Y eso lo convierte en un centro de peregrinaje a donde ir a morir. Es frente a esa imagen que me rebelo, porque la muerte es muerte en el hospital, en casa, en la calle o donde sea. Y no pudiendo evitar una cosa, deberíamos poner nuestros esfuerzos en evitar otras.

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  3. Cierto, puede llegar a ser digno. Quizá la palabra sea “recomendable”? Vosotros deberíais lidiar con la enfermedad, no con la muerte. No es lo mismo tratar de sanar algo que puede hacerlo o que puede aumentar el “bienestar” del condenado, que lidiar con ese peregrinaje que comentas. Tubos, enfermeros de aquí para allá… vosotros teniendo que atender casos que si son salvables… supongo que depende mucho de la causa de la muerte y de si de verdad hay alguna esperanza de poder evitarla o que sea sin dolor, en ese caso si entiendo que suceda en el hospital. Pero como algo eventual, que puede o no ocurrir. Pero yo me rebelo a la muerte en hospital cuando se sabe el desenlace y lo único que va a provocar es desarraigo/alienación en el último momento de la vida de una persona. Qué duro…

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  4. Bueno, no sólo lidiamos con la enfermedad, y no sólo deberíamos lidiar con ella: ya en el siglo XIX se decía que la labor del médico es “Curar a veces, aliviar con frecuencia y consolar siempre” (Berard y Gubler).

    :)

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