43 hilos: Lo que entra y lo que sale

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En los últimos días he estado expuesto a un pequeño choque cultural (de los poco impactantes, de los que no hace falta salir de casa para vivirlo) en el que es sencillo plantearse hasta que punto es real lo que interpretamos.

Empezando por las cosas que interpretamos de fuera, de la realidad, en base a nuestro interior, a lo que pensamos. Lo sorprendente que es hasta qué punto puede nuestra percepción de lo que sucede cambiar radicalmente en función de nuestros valores, nuestro estado de ánimo, nuestras experiencias previas… El suceso sigue siendo el mismo, pero la información que extraigamos de él puede ser infinita e infinitamente diferente cada una de las posibilidades.

Las cosas que acabamos pensando (nuestro interior) en base a los pensamientos y las actitudes de gente de fuera (los pensamientos de otros) es completamente variable (lo que daría pie a hablar de la empatía, la de verdad, lo dejaré para otra entrada) según nuestro estado de ánimo, nuestros recuerdos, nuestras intenciones…

Pero también sucede al revés, o así lo creo, y esto es un poquito más difícil de ver. El cómo pensemos que son las cosas o que van a ser pueden forzarlas a ser así (hasta cierto punto). No hablo de la ley de la atracción, pero si intentamos conseguir algo, lo haremos por todos los medios que seamos capaces o, al menos, conscientes. Si realmente creemos que se pueda conseguir, puede que añadamos también medios de los que no somos conscientes e incluso influir en la actitud de otras personas al ver la nuestra. ¿Infalible? Desde luego que no, pero puede marcar la diferencia.

Lo que entra depende de dónde entra, lo que sale depende del lugar al que va. ¿Y qué quiero decir con esto? Que puede que no estemos tan seguros de lo que creemos y que lo que creamos, lo hagamos con seguridad. Paradójico.