Las noches en las que la luna arde

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Dejo aquí mi primera incursión en el mundo de los microrrelatos (qué difícil es contar algo con tan pocas palabras).

En este pueblo no hay persianas porque nadie sabe cuándo saldrá la luna ardiendo. Tres o cuatro noches al año, la luna se envuelve en llamas que cristalizan y caen al suelo en forma de piedra azul templada. Como en la mayor de las fiestas, la calle se abarrota de gente, así sean las tres de la madrugada, que pelea por recoger las mejores.

No tienen valor, no se pueden vender, nadie quiere las piedras de otro, pero todos guardan en sus jardines colecciones de llamas de cristal, cementerios de llamas frías, vacías después de eclosionar.

Con las mejillas sonrosadas, respirando agitadamente por la carrera, con sus ocho años y una de las enormes joyas a cuestas, una niña llega sonriendo hasta los pies de su madre.

-Mamá, ¡voy a tener un hermanito!

Ella se agacha y abraza a su hija, apretándola suavemente contra el cristal. Abraza a sus hijos.

Primero me vino la imagen de las llamas de la luna cayendo a la tierra, la gente corriendo a cogerlas, pero en paz, sin peleas… ¿qué podrían tener esas llamas que sólo las quiere la gente cuando nadie antes las ha tocado (motivo por el que no se pelean, ni trafican con ellas, ni tiene valor pero tiene todo el valor)?

Entonces pensé en que la gente naciese de aquellas llamas hechas cristal… y desde entonces no se me quita de la cabeza la imagen de la niña con coloretes por la carrera abrazando una de las llamas con una vida latiendo en su interior. O esa otra de la madre rodeando con sus brazos a la niña y a la llama. Y en las dos, invariablemente, un pueblo nevado de fondo y una noche similar a las perseidas, pero con llamas de luna por estrella fugaz.

¿Qué os parece? ¿Quizá demasiado rebuscado o con un estilo muy artificial? La verdad es que me inspira sentimientos encontrados este micro, pero soy incapaz de evitar que me encante.