34 Hilos: Prohibido disfrutar

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Lo vemos muy a menudo, lo que tenemos y lo que vendrá son prohibiciones. No sé vosotros pero yo oigo a menudo expresiones del tipo “prohibir, prohibir, prohibir, prohibir, ¡Si por ellos fuera, lo prohibirían todo!” Y es cierto que el querer regularlo todo me genera ese “no se qué” de repelús que me recuerda a unas cuantas novelas de ciencia ficción.

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El caso es que hay otra serie de prohibiciones que, opuestamente, no suelen cuestionarse ni criticarse… y es que yo nunca he oído a nadie decir “prohibir, prohibir, prohibir, prohibir, ¡Si por mí fuera, me lo prohibiría todo!” No hablo de denegarse bombones cuando uno está a dieta. No hablo de prohibir actividades autodestructivas para mejorar como persona. Hablo de prohibirse ser feliz, de prohibirse disfrutar, por razones que son meramente sociales (podría añadir que también cognitivas y culturales, pero sé en el fondo que es una cuestión social). Hablo, en segundo término, de la capacidad de relativizar y la de separar las cosas que no tienen por qué mezclarse y juntar las que no tienen por qué separarse.

Hablo de algo tan arraigado en nuestra forma de ser como sociedad que, de primeras, son actitudes inevitables, irrefrenables y tan automáticas que nos parecen obvias, consecuentes y razonables. Pero, ¿y si nos planteamos la posibilidad de que no lo sean tanto? o, al menos, que no lo sean por necesidad.amnesia

En concreto, me refiero a prohibirnos disfrutar de las cosas, me refiero a prohibirnos ser felices (o al menos estarlo, que no es poco). La vida se nos presenta de maneras tan variadas, muchas de ellas todas a la vez, que no es infrecuente que alguna de ellas sean malas, infames y contaminen el resto de bondades. Cuando esto sucede, lo más habitual es que uno no disfrute de las cosas simplemente porque no le apetece, porque no está en ese estado de ánimo ni tiene el más mínimo interés. Pero, ¿y todas esas veces en las que simplemente “no debería ser así,” o “no está bien visto”? Demasiado regulados estamos ya como para que el crítico social nos controle también como nos sentimos.

 

Si algo malo (desde lo más pequeñito y superficial a lo más horrible y espantoso) nos ha sucedido en la vida y aún así hay algo que nos saca aunque sea temporalmente de ese estado, y sentimos que podemos disfrutar de ello. ¿Qué hay de malo en hacerlo? No digo que no guardes el “luto” social, hacia fuera, especialmente cuando hay más gente en la misma situación, pero lo curioso es que por dentro, lo que pensamos con frecuencia (al menos yo lo hago) es si no estaremos “rotos” o “mal,” porque no funcionamos así, porque no está bien disfrutar en los momentos que no toca… ¿En serio? ¿Existen momentos en los que no está bien disfrutar? Creo que existen situaciones por las que no está bien disfrutar, experiencias por las que no está disfrutar, pero no por coincidir en el tiempo tienen por qué anular las capacidades de ser disfrutados el resto de hechos que nada tienen que ver con el origen del “luto” social.

Ladycapricciosa y mujer risa forzada

Y, desde luego, lo que impera es la posibilidad de cada uno en su circunstancia de disfrutar, ni lo uno por prohibición, ni lo otro por obligación.

 

Para mí es sencillo. Si he suspendido un examen y tengo la capacidad de ser feliz a pesar de ello, lo haré (y si puedo haré por evitar que se repita, claro). Si he perdido mi empleo y tengo la capacidad de ser feliz a pesar de ello, lo haré (y me esforzaré por acabar en una situación mejor que la previa). Si he perdido a un familiar y tengo la capacidad de ser feliz a pesar de ello, lo haré (si cabe con más motivo, para disfrutar la vida por los dos, igual que se repartían Albert Espinosa y sus amigos sus propias vidas).

Él dice que toda pérdida, desde otro punto de vista, es una ganancia. Yo de lo que hablo es de no prohibirnos la posibilidad de ver el mundo así.