24 Hilos: Sobre los viajes

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Lo sabía ya desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no lo he visto con claridad. Lo que me imorta de los viajes que hago no es a dónde voy ni qué veo allí. Poco me importa dejar sin ver los lugares más turísticos si es en favor de encontrar las partes más auténticas de una ciudad, o compartir una charla hispano-japonesa-venezolana en mitad de una casa parisina, por ejemplo. Pasar por la marabunta de gente que rodeaba la catedral de Notre Dame no me ha supuesto ninguna clase de sentimiento que albergar, me ha dejado frío. Sin embargo los paseos por los parques de a pie, donde solo encuentras gente con sus perros, y aire fresco y un lugar para meditar, eso me llena de vida. Podría preguntarme por qué entonces ir a otro sitio si parques también tengo a un tiro de piedra según salgo por la puerta de casa. Pero es que lo que busco son experiencias, de esas que me encantan, se parecan o no a las que podría tener en Madrid. En Sintra pasé la tarde en el palacio, algo que apenas recuerdo, pero después dediqué las horas a jugar, JUGAR, cual crío, no visitar, jugar, en la Quinta da Regaleira, que recomiendo a todo el mundo por su composición tanto visual como laberíntica. De mis viajes, de los que mejor recuerdo albergo, es de aquellos que me han aportado algo más que una imagen o un agobio de gente. Eso es lo que busco en mis viajes, algo más que una imagen. Hoy, por fin, lo verbalizo.

¿Quiere decir esto que estoy en contra de lo turístico? En absoluto, me incomoda tanta gente, tanto para ver sitios como para esperar cola como para sentir la verdadera esencia de esos lugares mega-visitados. Pero he de reconocer que alguno de ellos merece la pena y basta con visitarlos sin darle especial imortancia a que la gente los disfrute a su manera (si los disfruta)