23 Hilos: Orientar lo positivo

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De nuevo ataco con una reflexión a la que el mundo médico me ha dado pie:

Pocas personas sé que voy a encontrar más positivas que yo, muy pocas. Mi Leitmotif podría ser fácilmente el “Always look on the bright side of life” de “La vida de Brian.” Todo tiene un aspecto positivo, aunque sea por contraste, si sabemos mirarlo. Pero hasta en el optimismo uno puede pasarse de la cuenta.

Para ser optimista recomiendo llevar brújula, para no perder el norte. Se trata de ser optimista, no de ser un terrorista del optimismo. Nunca se me había dado el caso de plantearme que el optimismo estaba fuera de lugar, pero hoy me lo he planteado al vivir un optimismo sin norte, un vuelo sin motor.

Para ser optimista hay que tener las ideas bien claras, y la realidad mucho más. Ser optimista es tirar hacia lo alto, hacia el cielo, como ser pesimista es meter la cabeza bajo tierra cual avestruz. El optimista que tiende tan a lo alto que vuela como si fuera un simple pájaro, cuando la realidad, la fuerza G y las leyes de la física lo alcancen, le estamparán la cabeza contra el suelo sin ningún tipo de piedad. Ser un optimista y sobrevivir al intento, es algo mucho más sutil. El optimista con una esperanza de vida feliz más larga es aquel que sigue el ejemplo de los árboles: Se enraíza en el suelo, anclándose a la realidad, incluso profundo a veces; en las peores situaciones posibles para tenerlas presentes y, desde ahí, crecer bien alto y aspirar a llegar más arriba, con las raíces ocultas bajo tierra y los sueños en las nubes que algún día alcanzará (probablemente cuando se levante la niebla).

Yo por mi parte sigo defendiendo el optimismo, porque es una gran fuente de felicidad aun con ilusiones rotas. Pero, por favor, sepamos ser optimistas.

¿A que viene todo esto? Viene al poder del milagro, al valor del “yo he luchado y vencí,” y a creer que siempre venceremos. Me remueve, para mal, ver optimistas que no saben hacia dónde dirigen su optimismo, y es atroz (la mayoría de las veces será cuestión de autodefensa, el optimismo debería de ser un estilo de vida, no un escudo). Gente que ha luchado contra el cáncer y ha vencido… tienen historias preciosas, inspiradoras, pero no deberían hacernos caer en el “como he vencido ahora, voy a vencer toda mi vida en todo lo que luche” y mucho menos en “mi familia va a luchar y vencer como yo.” El optimismo, al menos para mí, no es eso. No olviden sus raíces en el suelo. El optimismo es “me alegro de haber llegado luchando,” “he sido feliz en mi vida y lo seguiré siendo mientras dure,” es incluso el valor de aceptar lo peor y encontrarle un aspecto no tan negro.

No seamos terroristas del optimismo, corriendo hacia una inmolación de felicidad irreal. La felicidad real existe como para tener que inventar una nueva. Se habla del optimismo, el pesimismo y el grupo que quiere aparecer en medio del “realismo.” No, no, no, hay optimismo realista, pesimismo realista y luego los extremos de optimismo y pesimismo fantásticos (en su significado más imaginario). Al contrario de lo que muchos creen, el optimismo no tiene por qué reñir con la realidad

Desde luego hay otro tipo de optimismos mal orientados, por ejemplo del tipo “testigos del optimismovah” (entiéndase irónicamente y sin pretensiones ofensivas hacia ningún tipo de religiosidad), esos que parece que necesiten captar adeptos para sus filas del mundo feliz del color del arco iris (mi mundo es feliz y del color del arco iris, pero no obligo a nadie a venir, solo enseño la puerta. No es mi deber empujar a nadie a través de ella). En general, con mis ideas (que pocas son, pero alguna hay…) intento no atosigar a la gente, quizá con el optimismo se me va la mano, pero intento hacer ver una o dos veces ciertos aspectos positivos que la gente puede haber pasado por alto, pero cuando me dejan claro que no quieren ni saberlo… los dejo en paz.

Pues eso, que ser optimista no es fácil, pero cuando lo eres… la cosa no se vuelve más fácil aún, hay que andar con pies de plomo o, al menos, no perder el rumbo para no entrar en lo irreal