15 Hilos: Un mundo sin fin

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Entre algunos de los planteamientos que me hago, que me he hecho, o que debería hacerme, se encuentra el que surge cuando me preguntan qué me tomo para ser así. El caso es que no se trata de qué tomarse, si no de cómo ver las cosas.

De todas las cosas que pueden verse, y de todas las maneras que pueden verse, prefiero elegir todas, y esto es algo que me fascina y que no puede traerme nada más que felicidad. Hablo de la inabarcabilidad del mundo, de la vida.

¿Somos realmente conscientes de todo lo que tenemos en la vida? La infinidad de cosas por ver, opciones que tenemos, caminos a seguir, todo cuanto podemos hacer y aprender… Nos fascinamos por las experiencias poco habituales de otras personas y no caemos con tanta frecuencia en la cuenta de que “nosotros” también podemos vivirlas, si queremos hacer algo basta con proponérnoslo. De acuerdo que no siempre es tan fácil, pero tampoco ayuda pensar en pequeñito, en “aquella cosa concreta y única que queremos.” Personalmente, me deleito en el hall de inacabables puertas abiertas antes que perderlo de vista por centrarme en el pomo de una de ellas.

No le quito el placer a cruzar esas puertas, simplemente le añado el de saber que las hay y, a veces, me da por reflexionar en días como hoy y sacar a la superficie la importancia que tiene la inmensidad en la que estamos inmersos (o inmensos).